El río Iro: su limpieza y las mareas

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Está aconteciendo que bastantes ciudadanos conocedores de nuestro interés y preocupación por el estado de nuestro Iro, nos aportan posibles soluciones a los problemas que visualizan en su cauce, pero sobre todo nos detallan aspectos y detalles que han visto u oído sobre la magnífica naturaleza viva que se desarrolla ente sus aguas.

Hace unos días nos contó un vecino que se encontraba contemplando como una pata y su camada paseaban apaciblemente sobre las aguas del río Iro (se suelen observar patos en las inmediaciones del Puente Azul), cuando una enorme gaviota se precipitó, desde el aire, y sin dejar su vuelo atacó con precisión al alineado grupo llevándose entre sus garras un pequeño patito. El trágico espectáculo le impactó y entristeció. A pesar de todo reconocía estar emocionado por haber podido presenciar esa escena, de la dura naturaleza viva, en el río de Chiclana, algo que pensaba solo se podría ver en algún documental de National Geographic filmados en exóticos parajes africanos.

Al mismo tiempo que nos contaba su experiencia nos incitaba a seguir preocupándonos por el río y transmitiendo esas preocupaciones hacia la ciudadanía, entendía que no demostrábamos los ciudadanos de Chiclana verdadera preocupación por un lugar tan bello como imprevisible y que deberíamos acercarnos a él y usarlo en nuestro beneficio y placer.

Siempre hemos pensado desde nuestro GRUPO IRO XXI que debíamos de dar a conocer todos los matices, historia, cualidades y posibilidades de nuestro Iro, aunque no se nos haga caso desde las Administraciones, tal vez tengan otros problemas más interesantes o más apremiantes que la salud del río, nosotros estamos convencidos de que pocas actuaciones favorecerían más a las mayorías que la limpieza y disfrute de nuestro río. Nosotros seguiremos soñando y escribiendo, contando nuestros sueños en la seguridad de que algún día algunos de ellos se vivan.

Hoy traemos a esta página dos fotografías, una del Guadalquivir en Córdoba y otra del nuestro a su paso por el casco de la ciudad. Aunque son casos muy diferentes, vemos en la imagen del gran río andaluz como se ha cuidado el cauce de avenidas. Cuando el río lleva agua normal y en el estiaje, estas riberas se utilizan, son accesibles, e incluso se han construido un pavimento de hormigón donde se puede pasear o correr y lo más importante permite mantenerlo limpio y en condiciones de uso con relativa facilidad.

Nuestro río en el tramo central a su paso por la ciudad tiene una anchura de 46 metros y las labores de limpieza de los sedimentos que se depositan en épocas de avenidas son muy complicadas de realizar si no se accede al mismo cauce. ¿Podría tener dos riberas de cinco metros cada una a la cota de la marea más alta? ¿ Podrían estas ser accesibles para personas y pequeños vehículos rodados?, aún tendríamos 36 metros de ancho para su cauce más estrecho, en tiempos sin lluvia y de estiaje, que evidentemente son la mayoría de los meses del año. En caso de avenida el “agua de monte” las sobrepasaría, no repercutiría en su caudal y una vez  que ésta pasara, con una buena manguera volveríamos a tener limpio y libre las dos márgenes. En estas riberas también tendrían cabida la vegetación autóctona que estaría mejor cuidada, conservada y limpia.

Un cauce limpio de sedimentos conseguiría llevar el agua de marea más hacia arriba con lo que acentuaría, con las bajadas de la misma, la capacidad de arrastre y limpieza natural.

Casi todas las ramblas que desaguan en el Mediterráneo, tienen un uso útil para los ciudadanos mientras no se colmatan por lluvias torrenciales, en todo caso previsibles con suficiente antelación.

Además tenemos un problema que será muy grave más pronto que tarde, las riberas de nuestro río se están colmatando de densos cañaverales que corren como la peste. La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UINC) considera a la caña como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. Desplaza la vegetación autóctona, proporciona poco hábitat a la fauna riparia, reduce la abundancia y diversidad de invertebrados, cambia la estructura de la vegetación y aumenta el riesgo de inundaciones ya que puede provocar grandes taponamientos, luego algo tendremos que hacer con cierta prontitud si no queremos más elementos perturbadores en el cauce.

En un principio se podría iniciar el proceso con la conversión de una de las riberas, la que más cañaverales contenga y controlar con detenimiento su comportamiento ante las grandes avenidas.

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