Salud

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Estos días en Chiclana andamos bastante preocupados por el estado en el que se encuentran nuestros centros de salud.

La excepcional, ya casi normal, situación en la que nos ha dejado el maldito COVID-19 nos ha obligado a todos a cambiar hábitos con este respecto.

Normalmente podías ir a tu centro de salud, en el que te atendían en un plazo razonable de tiempo, y te resolvían en la medida de lo posible tu dolencia. Ahora, que nos vemos obligados a hablar con nuestro médico por vía telefónica, surgen nuevas necesidades.
Así, desde los centros de salud denuncian que no están dotados del personal suficiente para soportar el aluvión de llamadas telefónicas que se producen en cada jornada y desde los entes municipales se solicita a la Junta que como responsable de la sanidad andaluza,
están obligados a dotar de lo necesario a nuestros galenos y galenas.

No es nada nuevo esto de las batallas institucionales. Aún recuerdo esas clásicas ruedas de prensa de un partido político, que siempre reclamaba mayor dotación durante los meses de verano en nuestros centros dado el aumento poblacional que suponen los meses estivales
en la localidad. Ahora callan. A esto se le llama corporativismo, y es un mal muy extendido en ciertos ámbitos.

Está claro que nadie anda haciendo la tarea del todo. Empezando por los ciudadanos, que han decidido no renunciar a su espacio de ocio y dispersión, aunque eso suponga volver a números de contagios del principio de la pandemia, los partidos políticos desde su espacio
institucional, andan haciendo lo propio, recular y mirar al monte.

Esto mismo está sucediendo con la temida vuelta al cole. Estamos todos con el corazón “encogío” pensando la que se nos viene encima y sin apenas información de cuáles van a ser los protocolos con los que empieza este accidentado curso escolar. Me consta que las
direcciones de los centros, y los docentes, hacen lo que buenamente pueden y tengo que aplaudir que el Ayuntamiento haya puesto en marcha, de manera unilateral, una limpieza extraordinaria de los inmuebles pero ¿y luego qué?.

Luego llegarán los lloros de los mismos que no han renunciado a una sola comunión, de los que se han hacinado para montar botellón, porque se lo pedía el cuerpo, y de los que salían a aplaudir a los sanitarios y ahora pasean con la nariz asomando por la máscara.

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