Semana Santa en el Museo

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El Museo de Chiclana permite a los visitantes virtuales comprobar la riqueza histórica y cultural de la ciudad

No es que tengamos, como en farmacia, de todo, pero sí un surtido variado de temas bien diversos que permite al visitante hacerse una pequeña idea, a través de la Exposición Permanente y como breve aproximación, de nuestra Historia y nuestra cultura.
Y en estos días de Semana Santa recién pasados, me dije: pues hablemos de la Semana Santa chiclanera al hilo de esta extraña Semana Santa a puerta cerrada que nos ha dejado el coronavirus. Y cuando digo extraña, no me refiero únicamente a la extrañeza causada por lo inusual -no sé si inédito- de la cosa. Hablo de extrañeza en un sentido más hondo, pues en el fondo mismo de nuestra Semana Santa tradicional -barroca más allá de ornatos contra el horror vacui- subyace esa ocupación temporal del espacio público que hace de las calles cotidianas semejanza de la Vía Dolorosa con las procesiones, difuminando las fronteras entre lo sagrado y lo profano. Extraña, pues, Semana Santa a puerta cerrada y de puertas adentro.

Y pensé en el Museo. Con sus puertas cerradas, las de madera -y con sus ventanas virtuales abiertas a través de las cuales algo de nosotros ha asomado estos días-, y con los ecos de nuestra Semana Santa dentro.

Y es que alguna mención a ella sí que encontramos en la Sala 5 de la Exposición Permanente, sala que someramente repasa algunas de nuestras fiestas más populares; entre ellas, cómo no, la Semana Santa chiclanera.

Una de las salas del Museo está dedicada a las fiestas populares

Junto a carteles originales de Carnaval y Feria, dos obras artísticas -originales también- que fueron, en su día, motivo de sendos carteles oficiales anunciadores de nuestra Semana Santa. Dos obras bien distintas -en cuanto a composición y a procedimiento plástico- pero de excelente calidad: una bellísima acuarela de la Virgen de la Soledad a su paso, en procesión, por la iglesia del Nazareno y un delicado dibujo a carbón sobre fondo ocre y con toques blancos que, tras el primer plano de un penitente, aterriza aquí esta tradición tan andaluza a través del perfil de nuestra ciudad al fondo. Dos obras interesantes, y más que dignas.

Frente a ambos carteles y en vitrina, varias piezas también que remiten a la Semana Santa de Chiclana. Destaca entre éstas una pieza muy especial, porque, estando a la vista, no remite a este sentido, sino otro: el oído. Se trata de la partitura original manuscrita de la marcha procesional “Virgen de los Dolores Nazarena” -marcha tan inconfundiblemente nuestra ya-, obra compuesta para la Dolorosa del Nazareno por Manuel Forero Periñán y que fue estrenada el 12 de marzo de 1989, interpretada por la Banda de Música Municipal “Maestro Enrique Montero” y bajo la dirección del propio autor de la marcha.

Junto esta vitrina, otra de más reciente creación nos muestra un precioso trabajo de José Manuel Vela Bolaños: ahora, por ejemplo, la recreación en miniatura de la Dolorosa de Servitas, de la Virgen de los Dolores del Medinaceli, para entendernos. Y he dicho “ahora, por ejemplo” porque, en otros momentos, hemos tenido otros ejemplos del mismo buen hacer de José Manuel Vela. Y es que su compromiso -generoso siempre- con el Museo de su ciudad viene a ser más o menos así: una cesión temporal intermitente. Me aclaro: cada año nos deja uno de sus pasos recreados, y ya van varios desde que comenzó la cosa, y nosotros lo mostramos al público a lo largo de todo el año. Una de las piezas -sea en ese momento cual sea- que suelen llamar especialmente la atención de los visitantes.

Los pasos recreados de José Manuel Vela son muy valorados por los visitantes

¿Y el resto de su obra? Once pasos más que, desde que comenzó en 2010 con el de la Soledad, ha ido elaborando con paciencia y mimo, con esa paciencia y mimo propios de que hacen gala en sus creaciones los integrantes de la Asociación de Belenistas “María Auxiliadora”, asociación a la que Vela Bolaños pertenece desde sus comienzos y que preside desde 2009. Once pasos que, en los escaparates de nuestros comercios más céntricos, han acompañado a los originales año tras año, y que éste, por esas cosas del encierro, han sido nuestra pequeña Semana Grande en la calle.

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