…Y del epacio

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El Museo de Chiclana permite al visitante adentrarse en la Historia de Chiclana y sus gentes

De la mano del tiempo nos adentramos en la Historia de Chiclana, que de ello va la Exposición Permanente del Museo. Y así vamos recalando -brevísimas notas a pie época, acontecimiento o personaje- en la Prehistoria (Palelolítico, Neolítico), en la Antigüedad (fenicios, Roma), en el Medievo islámico, en la Modernidad, en la Época Contemporánea,… hasta antes de ayer, como quien dice.

Pero antes de adentrarnos en todo esto, y tras dejar atrás la reflexión sobre el tiempo a la que el último día nos referimos aquí, el espacio.

Historia y Geografía han ido siempre de la mano en el devenir del tiempo

Porque las cosas no sólo ocurren cuándo, también suceden/se suceden dónde. Y éste dónde no es, según cuándo y qué, nada baladí. Condicionante siempre el escenario, también a veces determinante. Hay cosas que podrían ocurrir en un lugar u otro. Cosas que sólo podrían ocurrir en un lugar pero que bien podrían, de facto, no ocurrir. Y cosas que, dado un lugar, no podrían no darse.

Por eso esa pequeña reflexión sobre el espacio tras reparar, al comienzo, en el tiempo. La gente de la EGB no teníamos ninguna duda al respecto. Hasta en el BUP seguían las cosas claras. Los libros de textos -con más texto entonces y menos colorines- no te dejaban lugar a la duda, y así se titulaban -con más transparencia que aquellos plásticos con los que forrábamos los libros a comienzo de curso- con sencillez y exactitud: “Geografía e Historia”. Que luego en las horas lectivas evidenciaran o no los docentes las conexiones entre un término y otro era ya otra cuestión. Pero de entrada -sospecha más o menos fundada-, quien más y quien menos ya intuía que la Historia y la Geografía iban siempre de la mano y que no por capricho compartían lomo, libro.

El siglo XVIII fue fundamental para el desarrollo de la localidad

Cerca del mar, de las autopistas de los antiguos mercaderes navegantes, con un río, además, que se dentraba/los adentraba en la tierra; cerca del mar, pero no tanto para hacernos eminentemente pescadores; cerca del mar… De la mar océana, que decían.
Y lo explicamos en nuestro mapa, en nuestra maqueta del territorio en la primera sala de la permanente: mirad, mirad, aquí estamos nosotros y aquí, a dos pasos -de dedos- Cádiz, Cádiz capital.

Mientras que aquí, hacia occidente, no existía para nosotros sino el mar, todo este azul de aquí -indicamos- pesca y, eminentemente agricultores, bellísimos atardeceres para prácticamente nadie. Pero cuando supimos que más allá del azul había otra tierra hasta entonces ignota, la cosa cambió. Para Cádiz. Y para nosotros.

Chiclana se convirtió en lugar de descanso para la incipiente burguesía gaditana

Y vaya si cambió. Porque, aunque hasta 1717 no pasó la Casa de Contratación de Sevilla a nuestra capital, ya operaba en el puerto de Cádiz la cabecera de flota para el comercio con América desde 1680. Chiclana, no sólo huerta para los gaditanos, sino lugar de descanso y recreo para la burguesía emergente, segunda vivienda para veranos de duraban dos estaciones y pico, como los veranos de ahora. Por eso, atendiendo a esto, entenderemos que justo en 1680 recibiera su empujón definitivo las obras de Jesús Nazareno, y que del XVIII daten la mayor parte de los edificios -civiles o religiosos- más notables de nuestra ciudad. Y esto, porque supimos de unas tierras de ultramar que ignorábamos, y porque el golfo de Cádiz -hasta para los más golfos- ofrecía posibilidades que el puerto fluvial del Guadalquivir no podía, y porque estábamos a un tiro de piedra de la capital, etc, ect, etc.
El dónde fue fundamental. Y sobre este fondo se situó el acontecer. Y la explicación, en parte, hoy, de cosas que, si no así, no entenderíamos.

Así, espacio y tiempo. Velocidad. Movimiento. Cambio. Devenir.

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