Es una constante del Museo de Chiclana prestar atención, dentro de su programa de Exposiciones Temporales, al grabado
Texto: Jesús Romero
En los últimos años, dos de estas exposiciones -”Grandes maestros del grabado contemporáneo” (2022) y “Grabadoras contemporáneas” (2023)- nos pusieron en contacto la obra de Monteserrat Gudiol, renombrada artista catalana que, en su vasta obra -trabajadora incansable-, llevó en paralelo su trayectoria como pintora y su trayectoria como grabadora, alcanzando en una y en otra la misma excelencia. Tras su pintura y su grabado, la mano maestra de una dibujante de primera. Reconocimiento unánime al respecto a la vez que arma de doble filo este elogio.
Hija del Historiador de Arte y arquitecto José Gudiol Ricart, Monserrat Gudiol Corominas, nacida en Barcelona en junio de 1933, respiró desde pequeña y dentro de su propia casa la pasión por el arte, formándose de manera autodidacta en el estudio de restauración de pintura medieval de su familia, pintura que dejará, como su obra más personal pone de manifiesto, honda huella en su pintura.

Este autodidactisamo de Gudiol no quiere ser vocablo que encubra una ausencia de formación. Con cierta frecuencia se da el caso, es verdad. Pero no es este caso. Igual convendría distinguir el autodidactismo de adidactismo que otros supuestos creadores, más para que para bien evidencia.
La obra de esta artista abarca tanto la pintura como el grabado
Exigente consigo misma en estos asuntos del arte -también en otros- desde edad muy temprana, dio sus primeros pasos -a falta de otros maestros que no siempre con fundamento se le atribuyen cuando se le la quiere defender, como si no fuera su obra defensa por sí misma- de la mano de los grandes maestros. Desde los maestros antiguos del gótico a los grandes maestros contemporáneos; por cierto, excelentes dibujantes también éstos, valga, al respecto, citar el magisterio de Dalí o Picasso observable en sus primeros trabajos.

Primeros trabajos -de enorme interés para entender el germen y el devenir de su obra- a la que esta muestra que, bajo el título “Montserrat Gudiol. Un pincel en el alma” presta especial atención, pues no quiere centrarse de manera exclusiva en su obra de madurez -la más difundida-, sino que, en las dos salas que se le dedican, intenta acercar al visitante tanto a la figura de la artista catalana cuanto a su creación, de modo que la una y la otra se alumbren mutuamente permitiendo una mejor comprensión y un mayor disfrute. Atendiendo a la excelencia plástica a la vez que al alma que bajo el pincel subyace.
Así, de manera retrospectiva -y atendiendo por igual a su obra y a la documentación complementaria expuestas en las salas-, contemplamos su obra “en marcha”, someramente abordada, sí, pero muy completa.
Su trabajo ha sido reconocido a nivel nacional e internacional
En 1950, con sólo 17 años, realizó su primera exposición individual, exposición que ahora -75 años después, pues de celebrar su vida y su obra se trata- conmemoramos con esta muestra que tiene lugar también a los diez años de su fallecimiento. Desde entonces, y de manera constante las exposiciones -en formato individual o colectivo- se sucedieron imparables hasta ésta que ahora acoge el Museo de Chiclana acoge, evidente suma y sigue de una obra viva y vigente, maestra ya la que aprendió a caminar de la mano de los grandes maestros. Entre medio, decenas y decenas de exposiciones no sólo en las más importantes ciudades del territorio español (Barcelona, Málaga, Bilbao o Sevilla), sino en otras latitudes bastante más lejanas, desde Estados Unidos o Canadá hasta la Unión Soviética, pasando por Sudáfrica.
Más de medio centenar largo de obras acompañadas de documentación diversa conforman “Montserrat Gudiol. Un pincel en el alma”. Tras ella, la generosa colaboración de Carina Boronat Gudiol -hija de la artista- que ha hecho las veces de comisaria de esta muestra.

