El turismo mira al cielo para luchar contra la estacionalidad

Avisamiento de aves

Un grupo de flamencos, en uno de los humedales de la Bahía de Cádiz

 

R.M./CHICLANA

A pocos kilómetros de Chiclana, en la localidad de Benalup-Casas Viejas, se encuentra la primera huella en la provincia del estrecho vínculo que hombres y aves han mantenido a lo largo de siglos de historia. Lazos que han ido desde la simple y necesaria supervivencia a la comunicación, la caza (cetrería) o el culto y admiración por la enorme belleza de las distintas especies.

Una huella, las pinturas rupestres de las cuevas del Tajo de las Figuras (Benalup-Casas Viejas), que en los últimos años ha cobrado una nueva dimensión o, quizás, un nuevo significado para el que hoy día es uno de los grandes e indispensables motores de la economía local, el turismo.

Basta con observar las estadísticas de los últimos años para certificar que cada vez son más los turistas -en especial del centro de Europa- que acuden a Chiclana de la Frontera, a ese privilegiado escenario natural llamado la Bahía de Cádiz, para disfrutar de un espectáculo que alcanza su cenit en el tiempo de las grandes migraciones. Un producto, el turismo ornitológico que como ya se apunta desde el sector se antoja una herramienta de gran potencial para plantar cara a la tan temida estacionalidad.

Escenario ornitológico en el que, como refleja la nueva Guía de Turismo Ornitológico de la provincia de Cádiz, ‘Birding Cádiz’, Chiclana y la comarca de la Bahía de Cádiz juegan un papel destacado, siendo territorio de espectaculares migraciones, algunas tan destacadas como la de la espátula. Localizada en el centro de la costa atlántica, la Bahía de Cádiz se caracteriza por el complejo sistema de humedales que se desarrollan en su entorno.

Este parque natural, del que forma parte importante Chiclana, está compuesto por un mosaico de marismas y zonas intermareales, salinas, esteros, playas y dunas, pinares y matorral de los que son destacadas protagonistas las aves limícolas, pudiendo albergar unos 70.000 individuos durante los pasos migratorios, junto a una gran variedad de gaviotas, charranes, garzas y anátidas.

El flamenco común, la espátula común y el águila pescadora son también de fácil observación

Dentro de este marco de la Bahía, Chiclana, con una extensión de 203 kilómetros cuadrados, alberga zonas de especial interés natural que han sido catalogadas con diferentes figuras de protección y que forman parte de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA). Espacios que, incluidos en la Red Natura 2000 (red ecológica europea de áreas de conservación de la biodiversidad con la finalidad de asegurar la supervivencia a largo plazo de las especies y los hábitats más amenazados de Europa) atesoran una gran variedad de aves y suponen un atractivo para los amantes de la ornitología.

Entre estos espacios y como uno de los lugares más destacados se encuentra el Paraje Natural de las Salinas de Sancti Petri, de un alto valor Paisajístico al ser una de las pocos que no ha sido alterado mediante su uso como salina. Zona excepcional para el avistamiento de aves reproductoras como la gaviota patiamarilla, chorlitejo patinegro, avoceta Común, cigüeñuela común, charrancito común, cigüeña blanca, correlimos tridáctilo, ánade silbón, garceta común, flamenco común, espátula y el cormorán, entre otras muchas.

Otros de esos escenarios para el avistamiento de aves es el Complejo Endorreico, situado al noreste del municipio y formado por las Lagunas de Jeli y Montellano y sus inmediaciones.

En esta zona nidifican aves como el somormujo lavanco, el calamón común o la focha cornuda, mientras que otras especies utilizan las lagunas y su entorno para pasar el invierno o como simple estación de paso para reponer fuerzas en su viaje hacia otros lugares; es el caso de malvasías cabeciblancas, cercetas pardillas o flamencos.

El Complejo Endorreico de Chiclana figura en la Lista Ramsar, relación en la que se integran las zonas húmedas más importantes del mundo desde el punto de vista de su interés ecológico y de conservación de la biodiversidad.

Por su parte, la Laguna de la Paja se encuentra prácticamente en el centro del término y entre las muchas aves que utilizan su lámina de agua de escasa profundidad destacan el porrón pardo, el ánade friso, la malvasía cabeciblanca, el zampullín común, el calamón o la focha común.

En definitiva, un paraiso ornitológico al que no es ajeno el río Iro o el Pinar del Hierro, entre otros espacios de gran valor.

 

 

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