Un verano más con unas auténticas vacaciones en paz

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C.REYES/Chiclana

Sonrisas, lágrimas, ilusiones, reencuentros. Así es como han vivido los menores saharauis su regreso a Chiclana. Muchos, ansiosos por volver a ver la playa, otros, en cambio, por darse un chapuzón en la piscina, como es el caso de Leili, aunque también por ver a sus familiares. Leili tiene 14 años y lleva viniendo a Chiclana desde los siete, por lo que ya es su último año con el programa ‘Vacaciones en Paz’. Además, ha podido seguir viniendo por “buen comportamiento”, ya que la edad límite son los 12 años.

En este tipo de programas, un papel protagonista es el que juegan las familias de acogida ya que se comprometen a traer a los menores  y conseguir que tengan un verano inolvidable, alejados de aquellas altas temperaturas que pueden llegar a los 42 grados en el mes de mayo. Remedios Fuentes es la madre de acogida de Leili y también es trabajadora social en la Asociación de Ayuda al Pueblo Saharaui en Chiclana, Sadicum.

Su compromiso con el pueblo saharaui comenzó hace años, y es que, su familia siempre ha estado muy involucrada y ha sido familia de acogida. Su madre acogió a la hermana de Leili pero al cumplir los 14 ya finalizó su programa. Fue entonces cuando Remedios decidió acoger a Leili. Además, Remedios ha estado en ocho ocasiones en los campamentos de Tinduf, su primera vez fue a los 18 años. “Iba como voluntaria y pasaba unas semanas pero también decidí hacer allí las prácticas del máster, por lo que me pasé dos meses en los campamentos”. Allí conoció a Leili y, desde entonces, comenzaron a tener una estrecha y bonita relación. Además, como cuenta Remedios, la madre de Leili aprendió español para enseñárselo a la menor.

Para Remedios es una experiencia única. “Cuando estás una semana allí te cuidan y hacen que te sientas como en casa pero al pasar más tiempo ya te consideran una más y te tienes que adaptar a las circunstancias y a los pocos recursos que tienen. Se hace más duro”, señala la trabajadora social. Es por ello por lo que, en muchas ocasiones, cuando hay personas voluntarias que pasan poco tiempo en los campamentos, creen que no están tan mal pero la realidad es bien diferente. “Aun así, son personas muy abiertas y están encantadas con las visitas”.

Leili cuenta que tenía muchas ganas de volver a ver a Remedios y a sus sobrinos, a quienes considera su familia y con quienes mantiene una muy buena relación. Además, le gusta ayudar en casa, ir de compras, bañarse en la piscina y “la Feria de la Isla”. También hacen actividades con el resto de niños saharauis para que se relacionen entre ellos. “Hay quien piensa que traer a niños de los campamentos es como ponerles el caramelo en los labios y luego quitárselo” pero Remedios discrepa. “Ellos pasan una temporada muy buena pero cuando va llegando el final también tienen ya ganas de ver a sus familiares”, lo que hace que las familias de acogida se sientan mejor, aunque las lágrimas suelen estar, inevitablemente, presentes.

No obstante, aunque es el último verano que Leili puede pasar en Chiclana con el programa, Remedios tiene pensado regresar a los campamentos, además, el contacto lo mantienen una vez dejan estas tierras, ya que la relación que les une atraviesa fronteras.

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