Bendita agua

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Antonio Barba

Antonio BarbaANTONIO BARBA

Catedrático de EU del Dto. de Medicina de la UCA

Cuando pensamos en el agua, no nos la imaginamos como un elemento nutricional, como ocurre con los alimentos sólidos, a pesar de que el agua está presente invariablemente en nuestra mesa cuando nos alimentamos.

Sin embargo, deberemos considerarla un nutriente, ya que nos aporta no solo el elemento en sí, sino también numerosos minerales además de algunas moléculas imprescindibles para nuestro organismo. Su valor nutricional, por lo tanto, es incuestionable. Pero si tenemos claro que como nutriente es esencial, para la vida es indispensable.

A pesar de que se define como incolora, inodora e insípida, cada agua natural o de manantial es diferente y posee un sabor característico debido a su composición mineral único. Esto permite que podamos elegir entre un tipo u otro según su sabor y contenido o preferencias entre agua con o sin gas. Las legislaciones nacional y europea distinguen tres categorías de aguas potables envasadas: las minerales naturales, que son las subterráneas, las de manantial, que serían aquellas aguas subterráneas que emergen espontáneamente a la superficies y las preparadas, que serían aquellas que han sido sometidas a los tratamientos fisicoquímicos necesarios para que cumplan los mismos requisitos sanitarios que se exige a las aguas potables de consumo.

Si nos atenemos a su contribución al mantenimiento de nuestra salud, el valor y la importancia del agua está en relación con su grado y tipo de mineralización. Según sea éste, sus efectos sobre nuestro organismo difieren, así por ejemplo las aguas fluoradas mejoran e incrementan la protección dental, las ferruginosas son buenas para tratar la anemia, la obesidad y algunas enfermedades reumáticas, las hiposódicas son adecuadas para pacientes hipertensos, con afecciones cardiacas o renales, las sulfatadas, aunque con un ligero sabor amargo, son adecuadas para la piel y el aparato digestivo y, finalmente, las aguas cálcicas pueden ser más recomendables para suplementar calcio en niños en edad de crecimiento y adultos con osteoporosis.

En base a lo expuesto, la mejor y más recomendable para una persona sana, es el agua mineral natural, de débil mineralización (si está entre 50mg y 500mg de minerales por litro) y de dureza blanda (inferior a 5º fH). La mineralización “muy débil” (menos de 50 mg/l) es mucho más adecuada para los niños. En aquellos casos que tengamos alguna necesidad adicional de minerales, se buscará que sea bicarbonatada, fluorada, etcétera, aunque resulta conveniente que esa indicación la dé un médico. La dependencia de nuestro organismo del agua, como podemos deducir, es absoluta y su presencia en nuestra mesa mientras comemos es, además de necesaria, indispensable. La regla general es que a un agua ligera le va una comida ligera: ensaladas, fruta, etc. A comidas contundentes les van aguas con gas o aguas más fuertes y mineralizadas. Aunque resiste muy bien cambios de temperatura, sus mejores condiciones se mantienen cuando esta alejadas de la luz y en lugares frescos.

Por ello no debe darle el sol y una vez abiertas se deben tomar lo antes posible. No es recomendable dejarlas sin tapar, ya que posee un gran poder absorbente y capta todas las partículas en suspensión del ambiente. Su protagonismo en nuestra mesa también ha mejorado, pasando de ser servida en jarra, a granel, a presentarlas en, algunos casos, en botellas de diseño con una mejora considerable en sus calidades y cualidades organolépticas. Sin lugar a dudas algo debe tener el agua cuando la bendicen y con ello confirmamos lo de bendita agua, que hemos enunciado al principio del artículo.

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