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En los discursos públicos se encuentran miles de gentes que vienen con el exclusivo fin de escuchar lo que el orador va a decirles, en el plenario de una cámara de diputados se reúnen sólo unos pocos centenares de personas congregadas en su mayoría para cobrar dietas y no para dejarse iluminar por la sabiduría de uno u otro de los senadores “representantes del pueblo.”

Cuando leemos esta frase, podemos correr el riesgo de identificarnos con su contenido, de vernos en sintonía con la idea de no sentirnos representados por unas cuantas personas, aunque las hayamos elegido democráticamente. Este tipo de sentimientos, que podrían resultar legítimos a pesar de no serlos, son la base de los discursos que podríamos catalogar como “populistas”, en los que la forma de lo que se dice suele anteponerse al contenido de lo dicho aprovechando un resquicio en nuestra empatía.

Pero no se confundan, queridos lectores, esta frase está extraída literalmente de una obra titulada “Mein Kampf” (Mi Lucha) escrita por Adolf Hitler en la que el Führer desgranaba sus ideas principales para la consolidación de una Alemania nazi. El resto de la historia, o la conocen o la perciben…

Hoy en día, política y populismo se confunden y lo hacen, en primer lugar, por el absoluto desinterés que la ciudadanía tiene en la política, aun a pesar de que repercutirá de manera directa en sus vidas. En segundo lugar toca reflexionar sobre el flaco favor que esta sociedad de la información está haciendo sobre el discurso de cada uno de los partidos y el uso que ellos mismos hacen de los medios y redes sociales para complacer al respetable, o para captar nuevas voluntades.

El caso es que hace apenas unos días se anunciaba la convocatoria de nuevas elecciones en nuestra Autonomía y me preguntaba, queridos lectores, si el ruido mediático existente en estos momentos nos dejaría oír lo que realmente interesa a la hora de tomar la decisión de depositar un voto en la urna o si nos interesará salir de los conflictos catalanes, del negocio de los másteres universitarios o de cualquiera de los bulos informativos que muestran revuelo pero en nada ayudan al progreso de nuestra maltrecha sociedad.

No va tocar hacer el siempre desagradable esfuerzo de discernir entre la forma y contenido, para tomar una decisión que lleve a nuestros representantes a ser precisamente eso, valedores de nuestras intenciones.

Félix Alonso del Real
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