Por qué educar para la paz

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Nuestra sociedad actual está cambiando y la sociedad tradicional, que era más o menos homogénea, se ha transformado con la existencia, en un mismo territorio, de varias culturas a un mismo tiempo fruto de los movimientos migratorios. Está claro que nuestro mundo, y más concretamente nuestra sociedad actual, está experimentando cambios acelerados que llevan a veces a conflictos políticos, económicos, sociales y hasta bélicos. Estos conflictos surgen, entre otras causas, de la intolerancia y de la voluntad de algunos de imponer su cultura, religión y/o su forma de vida a otras personas, de ahí la necesidad de trabajar en una educación intercultural que ayude a la búsqueda de la paz.

Frente a los movimientos de intolerancia podemos reaccionar con imposiciones o enfrentamientos, o podemos ejercer el poder de la educación, más lento, pero más duradero a largo plazo. La educación quizás no puede detener un conflicto, pero sí puede prevenirlo. De hecho, la educación puede desarrollar un diálogo positivo entre las diferentes culturas y es una vía fundamental para promover la cohesión social, la coexistencia pacífica y, más aún, para fomentar la vivencia intercultural. La educación puede promover el diálogo entre las personas de diferentes culturas y creencias, ayudando de esa forma a construir sociedades interculturales, basadas no sólo en la tolerancia, sino en la aceptación del otro.

Y es que la educación debe buscar la utopía, pero partiendo de la realidad buscando construir caminos para la paz entre personas diferentes; de modo que desde los conceptos “yo” y “tú” pasemos al “nosotros”.

Hemos hablado de aceptación entre personas de diferentes culturas, pero hay que ser consciente de que no todos los aspectos de todas las culturas son integrables. Cada cultura posee aspectos difícilmente asimilables por otras. Pero el reconocimiento de este hecho no debe impedir comprender al “otro” y trabajar cooperativamente con él con objetivos comunes. Hay que entender que cada cultura tiene su propio ritmo de evolución, y debemos aceptar su idiosincrasia si queremos unirnos y colaborar. Somos conscientes que desde posiciones maximalistas e intolerantes no se puede avanzar juntos; cada uno a su ritmo, sí, pero avanzando al fin y al cabo.

Así, la Educación para la Paz debe basarse en trabajar juntos, respetándonos y aceptándonos, y tiene una dimensión afectiva importante que se genera con la experiencia compartida entre los compañeros y compañeras que interactúan. La Educación para la Paz genera empatía, y pone las bases para superar los conflictos que ineludiblemente van a aparecer en todas las relaciones humanas.

la Educación para la Paz debe basarse en trabajar juntos, respetándonos y aceptándonos

La Educación para la Paz, por tanto, es responsabilidad de todos; y cada uno debe asumir su responsabilidad en la construcción de un camino de paz, que debe considerarse como un proceso inacabado y continuo. Todos tenemos la capacidad de comunicarnos, de dialogar, de reconocer a la otra persona, de convivir, y también tenemos la capacidad de transformar pacíficamente los conflictos.

Por lo tanto, la Educación intercultural para la Paz debe tener como dimensión importante el diálogo entre culturas, o mejor dicho, el diálogo entre personas de diferentes culturas y creencias. Este diálogo, recíproco y crítico, comienza con el acercamiento a la otra cultura y con su conocimiento. El diálogo entre personas de diferentes culturas se hace posible porque las culturas no son estáticas, sino que son capaces de evolucionar. Además, las culturas son forjadas por las personas y éstas son capaces de reinventarlas, y de esta forma las culturas interactúan y evolucionan.

El diálogo entre personas de diferentes culturas se hace posible porque las culturas no son estáticas, sino que son capaces de evolucionar

Así pues, la Educación intercultural para la Paz es aquella que contribuye a construir entre todos una realidad común para la convivencia, donde todos sean conscientes de que no tienen la verdad absoluta y se parte del reconocimiento de que los valores y formas de vida de todas las personas son igualmente valiosos y respetables que los propios, con el único límite de que no vayan en contra de los Derechos Humanos.

Pasando de la teoría a los aspectos más prácticos, educar para la paz exige cambios en la forma de pensar y actuar de las personas y supone adquirir competencias interculturales y desarrollar habilidades sociales interculturales.

En la educación para la paz, debemos partir de la idea de que la auténtica paz se construye desde las personas y no entre los gobiernos, más preocupados de sus intereses. Y sólo a través de la Educación para la Paz llegaremos a ese conocimiento mutuo que nos permita una colaboración real entre las personas, rompiendo con el espíritu de competición actual, y trabajando para reafirmar lo que nos une.

es importante destacar que de la Educación para la Paz debe huir del concepto de “tolerancia” y priorizar el de “aceptación”

Para terminar, es importante destacar que de la Educación para la Paz debe huir del concepto de “tolerancia” y priorizar el de “aceptación”. Porque, para ser precisos, la tolerancia va más encaminada al conocimiento de las otras culturas, pero sin interrelación, es como vivir uno al lado del otro pero sin problemas. Mientras que la aceptación supone no sólo conocer, sino vivir CON el otro (es decir convivir), entremezclando sus actuaciones y vivencias. No debemos rehuir el conflicto, porque la convivencia a veces los provoca, sino que debemos aceptarlo como parte de esa convivencia, y eso permitirá encauzarlo y resolverlo mediante medios pacíficos. La auténtica belleza de la educación intercultural para la paz es que permite a personas muy diferentes trabajar juntas con un objetivo común, superando el hecho de ser cristianas, budistas, musulmanas, europeas, americanas o africanas, para verse sólo como lo que son “personas”.

Miguel Moreno (Psicopedagogo de ‘Un Mar de Ideas’)

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