El cura Emilio siempre compaginó su trabajo con los estudios

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Cura Emilio

C.REYES/Chiclana
El 
padre Emilio López Botello se instaló en Sancti Petri en el año 1953. Venía de Isla Cristina, donde tenían una empresa familiar que le trabajaba al consorcio nacional almadrabero. Emilio era el menor de seis hermanos y recuerda que fue un dos de agosto cuando se embarcó en el ‘General Rocha’ con todos los enseres para trasladarse a Sancti Petri.  Interesado siempre en los estudios y en adquirir nuevos conocimientos, una de las primeras cosas que hizo al llegar al poblado fue buscar a un maestro para recibir clases. También, durante un par de años acudió a Chiclana, más concretamente a San Telmo, para aprender inglés.

El cura Emilio cuenta que siempre rondaba por su cabeza una idea: “No estaría mal hacer algo por el servicio a los demás”, pensaba. En Sancti Petri le invitaron a hacer unos cursillos de cristiandad aunque reconoce que no era “ni muy creyente ni muy practicante” pero, a pesar de ello, en aquellos cursos se dio cuenta de que rezar era importante para él. Conoció al padre Ignacio, con quien empezó a tener mucha relación. Un día iban en moto a Cádiz y en mitad del camino le dijo “creo que quiero irme al seminario”. El padre Ignacio paró la moto, le miró y le dijo que llevaba dos años pidiéndoselo al señor.

Por aquel entonces, Emilio tenía novia y recuerda que, cuando tomó la decisión de marcharse al seminario, ella lo entendió. En Salamanca permaneció cuatro años para hacer la especialidad de teología, interesado siempre en buscar la verdad, en hacer algo bueno por los demás, “no me interesaron nunca los ascensos ni tampoco el dinero”, apunta.  “Aunque tampoco se fiaban mucho de mí”, dice con un tono de humor. Quizás porque “entré en el seminario a los 22 años en lo que llaman vocación tardía”.

En 1968 le ordenan sacerdote en la misma parroquia en la que se encuentra hoy, San Juan Bautista. Emilio tenía pensado trabajar en Correos pero, finalmente, lo rechazó cuando le propusieron dar clases de Religión en el primer instituto de Chiclana, el Poeta García Gutiérrez. Así, compaginaba las clases en el instituto y la vida parroquial con muchos grupos, entre los que destaca ‘Viva la gente’, en el que los jóvenes se preocupaban por temas culturales y sociales. Uno de los propósitos que consiguieron fue la instauración del Bachillerato nocturno para que los chiclaneros que trabajaban tuvieran la oportunidad de estudiar al mismo tiempo. “Entonces no todos podían estudiar”.

Aquellos eran años de mucha ebullición social y política. Iban apareciendo grupos muy sensibilizados con la política y la situación de España por lo que “había que tomar  actitudes y compromisos”. Según cuenta, esos compromisos le llevaron a recibir denuncias del gobernador civil por “comunista y ateo”.

Además de trabajar en el instituto, sacó tiempo para estudiar filosofía e hizo cursos de psicología. También aprendió alemán. De hecho, el 25 de diciembre celebrará una misa en este idioma para un barco de turistas que llega a Cádiz. A pesar de estar jubilado como cura, sigue acudiendo a la Iglesia Mayor para oficiar sus misas.

Ahora cuenta con más tiempo libre y dice que ha retomado una de sus grandes aficiones, la pesca. “Tengo más tiempo para mí, para relacionarme con las personas en la calle, eso lo veo como un valor extraordinario. Además, tengo más tiempo para leer”.

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