“El flamenco es como una droga que te engancha”

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BAILAOR

C.REYES/Chiclana

Trabajador, colaborador y, sobre todo, artista, podrían definir al bailaor de flamenco Javier Sánchez, quien afirma que“en el  flamenco siempre hay que seguir formándose, ya que va evolucionando”. Al artista nunca se le había pasado por la cabeza dedicarse al baile pero, a los 21 años, siente la necesidad de hacerlo. Es a esa edad cuando comienza a preocuparse un poco más por su cuerpo y, dado que no le gustaba ir al gimnasio ni practicar deporte, encuentra en el flamenco la excusa perfecta para cuidarse. Comienza entonces a recibir clases de la profesora y bailaora Antonia Baro, a quien agradece todo el conocimiento transmitido. Aquello comenzó como un simple hobby pero el tiempo, y su amplia trayectoria, indican que ha sido mucho más que eso.

Después de estudiar en el conservatorio y de hacer cursos en Cádiz, Jerez y Sevilla, le brindaron la oportunidad de entrar en una compañía de Sevilla, con María Serrano, con quien viajó por EE.UU., Canadá, Europa y Asia. También con la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco.  Al tiempo, Antonia le ofrece dar clases en la academia, donde se encuentra en la actualidad, y lo compagina con su propia empresa, con la que ofrece espectáculos en los hoteles del Novo Sancti Petri y donde van también algunas de las niñas de la academia .

Javier disfruta mucho impartiendo clases y transmitiendo sus conocimientos a las alumnas, a las que considera parte de su familia, pero para él, subirse a un escenario, “es algo muy grande. El flamenco es como una droga que te engancha”. Aun así, es sacrificado”. También las prioridades van cambiando. “Al principio el flamenco me aportaba todo, luego te das cuenta de que te faltan cosas y tienes que mediar para mantener una relación y poder continuar con el trabajo”.

En cuanto a momentos especiales, Javier recuerda la primera vez que se subió a un escenario, los asistentes pensaron que se había emocionado cuando lo vieron llorar, pero en realidad lloraba del agobio que le había entrado pues, a su juicio, no le había salido bien la actuación. También dice que cuando actuó en Taiwán fue algo muy especial. “Había 8.000 personas en el Teatro Imperial, yo me veía muy pequeño allí”.

Confiesa que le da miedo pensar en el mañana, “dando clases uno se puede llevar más tiempo” pero no quiere pensar, aunque a veces lo haga, en el día que se tenga que bajar de un escenario. “Hay gente que baila con mucha edad, pero me da miedo lesionarme y dejar de hacerlo. Tengo mis estudios, pero a mí lo que me gusta es bailar”. 

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