Feria 2020, otro año será

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Ochenta y tres años han pasado desde la última vez que se suspendió la feria de Chiclana. Fue en 1937. Las razón era más que obvia. En España se dirimía la guerra civil (1936-1939).

Si bien hace una centuria un virus –el que provoca la glosodepa o fiebre aftosa del ganado– estuvo a punto de paralizar la feria de 1920, ahora el coronavirus Covid-19 es el culpable directo de la suspensión definitiva de la feria de este año. No ha sido la primera vez que se aplaza desde aquel lejano 31 de mayo de 1836 cuando el Ayuntamiento de Chiclana envió al Intendente de Rentas Reales de la provincia de Cádiz una representación –escrito oficial– firmada por el alcalde, Aniceto Balbas Pérez y el secretario, Juan Pedro de Aguilar. En ella que le comunicaban la celebración de primera feria de ganado en la villa chiclanera y el procedimiento a aseguir con respecto a su administración. Una feria que el propio Gobierno de S.M., la reina Isabel II, le había concedido por Real Orden el primero de agosto del año anterior. Así, de esta manera, iniciaba el Cabildo chiclanero los preparativos de su primera feria de primavera de ganado entorno a la festividad de San Antonio que comenzaría el lunes día 13 de junio.

Actualmente desconocemos si durante el siglo XIX se suspendió la feria en algún año. No hemos hayamos acontecimiento histórico importante que lo justifique, pero sí en el siglo XX. Y ello, al margen de su evolución como feria de ganado, inexistente o muy en precario desde el comienzo del último tercio del siglo, pues la feria se fue convirtiendo en una gran festividad y en el acto social más esperado del año. Porque no debemos de olvidar que entre las funciones principales de las ferias, además de la recreativa-comercial (30.000 personas en España obtienen su sustento de las ferias), ejercen otras no menos importante como las de carácter cultural y social. Dos funciones de gran relevancia de las ferias de primavera en donde la relaciones sociales, envueltas en aires festivos, se multiplican no solo entre vecinos sino que alcanza a los pueblos y ciudades limítrofes, provincia e incluso a regiones más alejadas de España, pues sin menoscabo de otras, hemos de decir que nuestra feria tiene carácter nacional.

La primera edición de la feria chiclanera tuvo lugar el 13 de junio de 1836

Volviendo a 1920, en la sesión ordinaria de Cabildo del 28 de mayo, en su punto segundo, el secretario leyó a pie de letra una circular que insertaba el gobernador civil de la provincia de Cádiz. En ella declaraba oficialmente la existencia de glosopeda en los términos municipales de Chiclana y Arcos de la Frontera avisando que, “con arreglo al Reglamento para la ejecución de la Ley de Epizootias”, les prevenía de la declaración de esta enfermedad y sus consecuencias “figurando entre ellas la suspensión de ferias; mercados y exposiciones”. El Ayuntamiento quedó enterado y todo se paralizó. Pero el siguiente cabildo, de 4 de junio, en su quinto punto se dio lectura a un telegrama del gobernador en el que finalmente “autoriza la feria de ganados de esta Ciudad”. ¡La feria se había salvado! Diez años más tarde, en junio de 1930, una catastrófica inundación desbordó al Iro unos días antes de la feria llevando inquietudes y miedos a los habitantes de la ciudad.

Riada de 1930.
Riada de 1930.

Se anegó parte del término municipal y muchas calles del dentro, principalmente la de la Plaza, de la Fuente y Mendaro. Además, se inundaron la iglesia San Telmo y el Mercado Central de Abastos provocando considerables destrozos. Lo peor en el casco urbano fue la destrucción, al margen de los paseos para la velada de la feria en la orilla del río, de una parte de la muralla izquierda más próxima al Puente Grande. El alcalde, Sebastián Martínez de Pinillos y Bel, solicitó ayuda a la Capitanía General del Departamento Marítimo de San Fernando que atendió la llamada enviando personal y materiales evitando, con su pronta intervención, desgracias personales. Días después, en sesión extraordinaria, el Ayuntamiento daba las gracias al chiclanero Manuel Fernández Piña, Jefe del Estado Mayor, por su incansable y eficaz labor al frente de las tropas desplazadas hasta Chiclana durante aquellos días. Y el marqués de Bertemati, desde la colonia de Campano, enviaba un donativo de 500 pesetas para las familias más damnificadas.

En 1930, una inundación provocó la primera suspensión

Siete años después, en 1937, volvió a quedar suspendida la feria. Las razón era más que obvia. En España se dirimía la guerra civil (1936-1939). Al año siguiente, los miembros gestores del Ayuntamiento y su alcalde-presidente, el registrador de la propiedad Antonio García Trevijano, optaron por celebrar la feria, pero solo la de ganado, suprimiéndose la velada. No estaban los tiempos para festejos. Así, en el punto octavo de la sesión ordinaria del 25 de mayo de 1938, se dijo: “Teniendo en cuenta las circunstancias anormales porque atravesamos y al igual que se viene haciendo en todas la poblaciones de la España liberada, se acordó por unanimidad emprender en el año actual la feria; festejos que tradicionalmente se celebran los días trece, catorce y quince del mes de Junio, quedando reducida tan solo al Mercado de Ganados que tendrá lugar en las indicadas fechas debiendo darse a este anuncio la mayor publicidad para conocimiento de los interesados”.

Después llegaron otros tiempos más pacíficos y el país fue recobrando la vida cotidiana social y económica. La feria continuó ubicada en la Alameda del Río, entonces paseo José Antonio. Al terminar la dictadura, en la primera etapa del reinado de Juan Carlos I, coincidiendo con las primeras elecciones democráticas el 15 de junio de 1977, la feria se celebró más tarde de la habitual, pero no se suspendió. Curiosamente el primer día coincidió con la celebración el patrono, San Juan Bautista, por lo que, sin mencionarse, fueron unas fiestas patronales. El cartel de aquel año anunciaba: “Chiclana de la Frontera. Feria y fiestas 1977. 24, 25 y 26 de junio”. Entonces la feria se celebraba en la otra orilla del río, en barriada Ntra. Señora del Carmen.

Desde la última cancelación ha pasado la friolera de ochenta y tres años. Desde entonces, con levante o lluvia, nunca se suspendió una feria de Chiclana, hasta ahora. Aún más, la feria fue labrando su propio sello como una de las más singulares de la provincia. La cita con la feria se convirtió en una tradición, en la máxima expresión social de la ciudad. Ahora, solo nos queda el recuerdo colectivo de las pasadas y la esperanza de volver a disfrutar de nuestra feria en los próximos años venideros.

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