El Gadir fenicio de Chiclana

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Una descripción de los restos arqueológicos fenicios hallados nos sumerge en los orígenes de la ciudad

Cerca de los orígenes de Cádiz, las fuentes clásicas, concretamente Estrabón, nos dice lo siguiente: “Sobre la fundación de Gádeira, he aquí lo que dicen recordar los gaditanos: que cierto oráculo mandó a los tirios fundar colonias en las Columnas de Hércules… En la tercera expedición fundaron Gádeira en el lugar en el que acabó su viaje: el templo fue construido al oriente de la isla, la ciudad al occidente”. El templo se supone que estuvo en los alrededores del Castillo de Sancti Petri, por la cantidad de objetos arqueológicos importantes que han aparecido y la ciudad Gadir, se sabe que es la actual Cádiz.

Recientemente, gracias a la arqueología sabemos que existieron otras fundaciones fenicias en la Bahía de Cádiz, como es el caso de Chiclana. Desconocemos el nombre antiguo de este asentamiento, pero la lectura detenida de alguno de estos relatos, concretamente la Ora Marítima de Avieno, nos permite platear la hipótesis de que quizás se trate del castillo de Gerión. En cualquier caso, a la luz de los restos aparecidos, la descripción de mano de estos antiguos geógrafos, podría haber sido la siguiente:

…Y en un promontorio junto a la costa, dominando un amplio río que se dirige a los bosques tartesios, los fenicios fundaron otra ciudad y la dotaron de una potente muralla, a la que se accedía por una estrecha puerta, flanqueada de altas torres, de base pétrea y adobes. Construida como saben los cananeos, tenía doble muro y cajones rellenos de arena amarilla, que abundaba en el lugar. Su robustez desafiaba el paso del tiempo y el envite de los arietes. La construyeron los mismos alarifes que habían trabajado en la construcción del templo de Jerusalén. La mano de obra fue del lugar, e hizo falta mucha piedra y empleo de adobes para terminarla. Dicen que se construyó al poco tiempo de llegar a Gadeira y fundar el templo de Melqart.………el barrio de mercaderes se encontraba en el interior de la ciudadela y en él convivían distintas tribus, cada una de las cuales contaba con su propio barrio. Las casas eran bajas y de techos planos. Las plazas y calles, algunas empedradas, suficientemente anchas para permitir el paso de los carros, separaban un barrio de otro y se convertían en lugares de encuentro porticado.

…El olor a comida de los fogones y a tortas de cereal de los humeantes hornos tunnur, convertía el ambiente en algo entrañable y familiar. Los niños corrían mientras jugaban por la calle, tropezando indiferentes con las mujeres que se dirigen al Karum o mercado donde se agrupan los talleres artesanales. Los mercaderes ofrecen productos de primera necesidad, como trigo, cebada, vino, aceite, sal, pescado, salazones; pero también preciados y exóticos, como joyas, oro, plata, cobre, marfil, pasta vítrea, huevos de avestruz. Las valiosas telas, con sus preciosos tonos púrpura, teñían de color y elegancia el desorden del bullicio.

…En el puerto fluvial, al amparo del viento de levante, descansa la flota amarrada al muelle de madera. Los grandes barcos mercantes relucientes y calafateados con negro betún, ocultan los inquietos hippoi, que se preparan para el próximo viaje a tierras de Canaán.

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