La limpieza del Iro, clave para evitar una riada

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LUIS ROSSI/Chiclana

El problema del río Iro nace en el arroyo Salado y acaba en el Caño de Sancti Petri. El río que divide Chiclana, amén de ser una guía conductora de fauna y flora, no deja de ser un quebradero de cabeza para vecinos y políticos que no terminan de encontrarle una solución.

Hace 50 años una riada asoló Chiclana con una jornada lluviosa donde se registraron más de 260 litros por metro cuadrado. Inundaciones provocadas por el desbordamiento del río que arrolló todo lo que a su paso se encontraba. Ahora, los recuerdos de aquel 19 de octubre de 1965, para nada olvidados en el subconsciente colectivo de los chiclaneros, emergen con exposiciones, conmemoraciones, pero también con la preocupación de un río que, como si de un volcán se tratase, continúa dormido y sin control en caso de despertar. 

Esta situación afecta “a más de media Chiclana” que se vería perjudicada en caso de que las precipitaciones registren la abundancia de aquel año. Así, el presidente de la Asociación de Vecinos Pelagatos, Gerardo van Ravesteyn, que lleva años trabajando en este sentido, cuenta a este medio que “el botón de alarma hay que pulsarlo”, puesto que el “actual estado de suciedad de los arroyos y del propio río ponen en peligro a la población”. 

El Palmar, La Rana Verde, Los Gallos, El Sotillo, Arroyo del Cercado, Marquesado, Pago del Humo, Caño de Juan Cebada y los arroyos Ahogarratones y Carrajolilla, entre otros lugares, son las partes calificadas como inundables, aunque, según el holandés afincado en la localidad, “no oficialmente, puesto que todavía no tenemos el PGOU, ni aparecen como tal en las normas sustantivas”. Aunque sostiene que, en caso de producirse tal accidente, “el centro se inundaría antes que Pelagatos”. De hecho, la propia cochera del tranvía se ubica en un lugar cercano al río y podría ser inundable, según comenta el presidente de la entidad vecinal. 

Para mitigar el problema, se optó por el proyecto de la presa contra avenidas. Un proyecto que cumple diez años desde su puesta en marcha y que, todavía hoy, no ha sido culminado, pese a su aprobación por la Junta de Andalucía. En la actualidad, según apuntan desde el Consistorio, debido a la aparición de los terrenos inundables, hay que replantear el proyecto, y en esas se encuentran desde la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía, órgano perteneciente a la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente de la Junta. El anteproyecto ya fue modificado hace unos años para incluir la ampliación del muro, aumentando así la efectividad de la presa, según el Estudio de Inundabilidad Hidrológica de la Cuenca de la Janda-Litoral. También los suelos debían ser expropiados, algo que comenta la portavoz del grupo Socialista, Cándida Verdier, ya que “en cuatro años de Gobierno popular no se ha hecho nada al respecto”.

Cuestionado a Van Ravesteyn por la presa, reconoce que ve cierta “inquietud” por parte de las administraciones por “arreglar pronto este asunto”, pero también apunta que no es la solución definitiva. “Hoy en día hay métodos más modernos que, seguro, evitan que se desborde el Iro”, preguntándose: “cuando el agua entre y se cierre la presa ¿cómo sale?”. 

Aquel fatídico 19 octubre, según los partes meteorológicos, la presencia de una borrasca al suroeste del Golfo de Cádiz unido al embalsamiento de aire frío hacia el norte, ocasionaron precipitaciones más fuertes en la zona. La cuestión radica ahora en si podría ocurrir lo mismo a día de hoy y si la alarma de la ciudadanía es real o no.   

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