La localidad rinde homenaje al misionero Pedro Manuel Salado

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Pedro Manuel Salado

Chiclana recuerda con admiración y cariño a quien decidió entregar toda su vida al cuidado de los más desfavorecidos

Pedro Manuel Salado ha sido y es (su recuerdo y obras aún permanecen muy vivas) una de las ‘caras’ más solidarias y comprometidas de Chiclana. Misionero de vocación y corazón, encontró la muerte hace ahora seis años, cuando intentaba salvar a unos niños en una playa de Ecuador.

Nacido el 1 de enero de 1968, fue el tercero de seis hermanos, ingresando como joven voluntario en el Hogar de Nazaret en el verano de 1987, donde comenzó a atraer a los niños con su guitarra y humildad.

Ese mismo año comenzó el noviciado en el Hogar de Nazaret de Córdoba, en el que emitió los primeros votos el 15 de agosto de 1990. Permaneció en Córdoba dirigiendo uno de los cinco hogares que por entonces había en dicha ciudad. En 1999 fue destinado a Ecuador, al hogar que hay en la ciudad de Quinindé y en el año 2002 asumió la dirección de la escuela Santa María de Nazaret.

Fueron años duros, pues le tocó la labor de fortalecer y proyectar una escuela con más de 550 alumnos, muchos de ellos procedentes de familias muy humildes. En este tiempo, el hermano Pedro no solo logró mantener la escuela, sino que realizó la ampliación hasta Bachiller.

En 2008 pidió el relevo en la dirección, petición que le fue concedida sin dejar por ello la docencia. No escatimaba en tiempo y esfuerzo para dedicarse a los niños, estudios, juegos, excursiones, teatros familiares, catequesis.

El 5 de febrero de 2012, domingo, la comunidad misionera se había ido con los niños que tenían acogidos a una playa cercana a la misión. Estando jugando en el agua cerca de la orilla un remolino se llevó a siete hacia dentro. El hermano Pedro, a pesar del respeto que le tenía al mar, no dudó en lanzarse al agua y los fue sacando uno por uno. Tras sacar a los dos últimos (Selena y Alberto), falleció en la orilla exhausto.

Pedro Manuel Salado recibió la Medalla de Oro de la ciudad a titulo póstumo, entregada a su madre Pilar de Alba en diciembre de 2012. Asimismo, el 5 de Febrero de 2017 se descubrió una estatua en su honor en la Plaza Jesús Nazareno y ahora ha recibido un modesto homenaje del pueblo chiclanero con la colocación de una placa en la calle Francisco Ignacio, lugar en el que nació.

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