El libro en el Museo (II)

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Un repaso de la presencia de los escritores chiclaneros en el Museo de Chiclana cuando se cumplen 158 años de la entrada de Antonio García Gutiérrez como miembro de la Real Academia de la Lengua Española

El pasado 11 de mayo se cumplían 158 años de la toma de posesión por parte de Antonio García Gutiérrez de la silla P de la real Academia de la Lengua Española. Fue el 11 de mayo de 1862 y lo hizo con un discurso titulado “La poesía vulgar castellana”, un ejemplar original del cual -perteneciente a los fondos propios del Museo- se expone de manera permanente en el amplio espacio dedicado a este autor que siempre precisa más. Él lo merece, y nosotros lo necesitamos.

Traigo esto a colación al hilo de la reflexión que Pepe Verdugo nos hacía en su estado de whatsapp -desde el que tanto nos ha acompañado durante estos días con sus comentarios y citas -sensibles al dolor a la par que alentadoras-, y con esas fotos que, adecuadísimas siempre, los han ilustrado. En ello sigue.

El busto del escritor chiclanero García Gutiérrez ha aparecido pintado

Junto al recuerdo de esta efemérides, la foto del maltratado busto del poeta -el que entre 1932 y 1934 realizó el escultor palentino Pedro Frías Alejandro-. Frente a la íntima celebración de Verdugo en su wathsapp, esa imagen del maltrato no tanto público como “en público”. Junto a la imagen, la reflexión: ¿es este vandalismo el fruto de la ignorancia? La maldad requiere, para su plenitud moral -paradójico vacío-, conocimiento. Es verdad. Y la ignorancia disculpa. A veces. Pero cuánto daño causa la estupidez y la ignorancia evitables. Sin duda hay una dimensión moral en todo esto.

Así que, puestos a redactar, volvemos -como en nuestra última entrega- al asunto de los libros, a prácticamente pero justo al revés.

Los escritores chiclaneros tienen presencia en el museo de la ciudad

No sólo a través de las Exposiciones Temporales el Museo tiene presente a los libros, sino que éstos se entreveran con otros asuntos en la Exposición Permanente también, de manera que los libros y sus autores se hacen siempre presentes -sus obras, sus retratos, sus vidas,…- en el recorrido a los visitantes.

García Gutiérrez, por ejemplo, de quien ya hablamos en otra ocasión y sobre el que, en nuevas ocasiones sobradamente justificadas volveremos. Pero hay más. Dentro del ámbito estricto de la literatura, aparte la amplia presencia de nuestro poeta y dramaturgo, encontramos la figura de Fraquita Larrea -considerada por no pocos estudiosos “la primera romántica” tal lo recogió, en su obra acerca de esta mujer singular, Orozco Acuaviva en su exhaustivo trabajo monográfico. No era chiclanera ella, no, de nacimiento, pero aquí gustamos decir chiclaneros a quienes aquí residen. Ella pasó con su familia largas -muy largas temporadas.- en Chiclana, y en Chiclana tuvieron lugar muchas de sus famosas y bien nutridas tertulias. De ella expones un retrato -obra donada por el artista chiclanero Cabillas-.

Frasquita Larrea está considerada como la primera escritora romántica

Junto a ella -aunque con otra perspectiva bien distinta de las cosas y alejada -también en la forma- del Romanticismo, Ceccilia Böhl de Faber, que firmó como Fernán Caballero una amplia y reconocida obra literaria, dentro de la cual no faltan referencias -tácitas o expresas- a Chiclana, como en su título No transige la conciencia, presente éste en el Museo de Chiclana.

Y no podría faltar el autor con el que casi cerramos un recorrido de la permanente que acotamos, por su época más próxima a nosotros en 1978, por razones que no hace mucha falta justificar. Junto al ejemplar de la Constitución -que parece un libro-, un ejemplar de nuestro más ilustre escritor contemporáneo: “Las mil noches de Hortensia Romero”, novela finalista del Premio Planeta en 1979 -que toma como punto de partida su relato La Legionaria, obra de las obras más conocidas de Fernando Quiñones en la que, bajo pretexto de estudio sociológico y grabadora, este maestro de la narrativa –y poeta exquisito- nos acerca, desde la intrahistoria a aquél tiempo más o menos. Junto a esta obra, y gracias a la presencia de una sala de exposición permanente de la Fundación Quiñones – que comparte edificio con el Museo-, retratos, manuscritos, objetos personales, del autor.
Pero no se agota en la literatura el infinito mundo de los libros. Así que seguiremos

 

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