Alfonso Valdés y Saavedra, artífice del patronazgo de Los Remedios en 1738

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virgen-webJesús D. Romero Montalbán
A lo largo de este año,se celebra en la ciudad el centenario de la concesión del título de Patrona de Chiclana a Nuestra Señora de los Remedios, otorgado por el Papa Benedicto XV el 12 de julio de 1916. Sin embargo, las fuentes documentales aseguran que la imagen ya fue nombrada Patrona por el Cabildo Municipal casi dos siglos antes. Las Actas Capitulares confirman que el patronazgo fue otorgado el día 27 de febrero de 1738 por el Consejo de Justicia y Regimiento de Chiclana, tras la celebración de unas fructíferas rogativas (novenas).

Recuérdese que la población, entonces, dependía principalmente del sector agrícola y urgía la llegada de las ansiadas lluvias. Después de una larga sequía, al fin se pudieron sembrar y cultivar los campos y huertas, tan imprescindibles para el sostenimiento de la villa. Todo ello se consideró un hecho milagroso, un regalo del cielo logrado por la mediación de la Patrona de la villa. Las “rogativas” comunales tenían su principal expresión religiosa en los llamados novenarios. Estas liturgias tienen su origen en costumbres de la Antigüedad clásica; las viudas griegas y romanas guardaban nueve días de luto. Posteriormente fueron adaptadas por el cristianismo y así llegaron a nuestros días. Hoy continuamos rezándolas con la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios, entre otras de nuestra ciudad.

Tanto las novenas como los septenarios, quinarios o triduos, se suelen convocar en una determinada iglesia o ermita, durante los días pertinentes, en función del número de eventos considerados. En estas oraciones se suplica, directamente a Jesucristo o, a través de la mediación de la Virgen u otros santos ante Dios, obtener alivio para alguna apremiante necesidad de la comunidad; sobre todo en tiempos de guerras, sequías o epidemias. Las novenas“en petición de lluvias” eran muy frecuentes en Chiclana, corroborando la alternancia climática imperante en nuestra zona, con periodos cortos de abundantes precipitaciones y otros más largos con escasez de lluvias.
Lo habitual era que, en nuestro pueblo, estas rogativas se efectuaran en la Iglesia Mayor. Al efecto, hasta ella trasladaban en procesión las imágenes escogidas y de más devoción popular para presidir los rezos. Así se hizo con el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, con Santa Ana, San Sebastián (en las epidemias) o Nuestra Señora de Los Remedios. A veces, estas ceremonias eran presididas conjuntamente por dos imágenes en el altar de cultos (hay documentos y Actas Capitulares que lo atestiguan). De esta forma, coincidieron las imágenes del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y Nuestra Señora de Los Remedios y, en la celebración de 1738 -año de su nombramiento como Patrona por las autoridades civiles y eclesiásticas locales- las rogativas se vieron acompañadas por la imagen de Jesús del Refugio (Primitiva imagen del Señor de Afligidos).

A diferencia de lo que pudiéramos creer, fueron escasos los novenarios presididos por la imagen de la Patrona, debido a circunstancias quizás explicables y que facilitaron a la merma del fervor popular hacia la Virgen de los Remedios. En relación a las imágenes a las que los chiclaneros han dirigido sus plegarías desde antiguo, hay que matizar que los procesos devocionales se ven afectados, no pocas veces, por el poder y liderazgo de determinadas personas: sacerdotes, religiosas o regidores. No en vano, influyeron y decidieron cuáles eran las imágenes devocionales a las que se les debía hacer las rogativas pertinentes.

Pongamos el ejemplo de Fernando de Olmedo y Hormaza, caballero de la Orden de Santiago, sargento mayor del Consejo de Justicia y Regimiento y teniente corregidor de esta villa, cuya devoción se dirigió al Santo Cristo de la Vera-Cruz y por cuya intersección se convocaron novenarios, o el caso especial de nuestro prócer, Alonso Valdés y Saavedra, abogado de los Reales Consejos, corregidor de Justicia Mayor y capitán de guerra de Chiclana en diversos periodos de tiempo entre los años: 1729-1734, 1737-1747 y 1751-1759: Su vida transcurrió, en parte, durante el siglo XVIII, permaneciendo principalmente entre su villa natal, Vejer de la Frontera, Medina Sidonia y, sobre todo, en Chiclana. Sus relaciones y amistades suelen ser destacados regidores y comerciantes de la ciudad de Cádiz con residencia en Chiclana. De ellos señalamos a Esteban Espinosa Blanqueto, por ser personaje muy influyente en nuestro pueblo, donde ocupó el cargo de “subdelegado de la Jurisdicción de Marina y Almirantazgo”. Descendiente de regidores de Cádiz que ostentaron el patronazgo del Convento de Santa María de la capital. En Alonso Valdés y Saavedra se llegan a apreciar influencias de la Ilustración que se filtraban en la época.

Con espíritu renovador, promueve importantes obras de calado en nuestra ciudad. Sirva de muestra la construcción del primer puente de cantería sobre el río, destruido por la riada de enero de 1740 y que merece capítulo aparte. A su constancia y tenacidad se debe el que los Duques de Medina Sidonia encargasen los planos de un nuevo y elegante puente, que nunca se llegó a construir, al arquitecto Gaspar Cayón. Además, remodeló la Fuente del Común (Fuente Vieja) e inició las obras de la emblemática Torre del Reloj y las de la nueva carnicería, panadería y pescadería de la villa. Todo un plan de obras públicas. Señalamos que, durante algunos de los periodos en los que ocupó el cargo de corregidor, y por orden del Rey Fernando VI, se realizaron censos y estadísticas de Chiclana y de de sus medios productivos. También en su mandato, ante el constante incremento de población del barrio de San Sebastián (La Banda), se recibieron en el Ayuntamiento solicitudes para fundar dos conventos: el de los Franciscanos en la iglesia de San Sebastián y el de los Capuchinos en la desaparecida ermita del Carmen.
Como era normal en la época, la religión marcó su vida; fue hombre de su tiempo, persona muy religiosa. Lo demuestra la petición que en el año 1743 elevó junto, con su segunda esposa e hijo, solicitando permiso para instalar un oratorio de culto divino en su casa al Obispado de Cádiz. Fue gran devoto de la Virgen de la Oliva, Patrona de su pueblo natal, pero especialmente de la Virgen de los Remedios de Chiclana. Y lo demuestra desde su cargo de corregidor promoviendo el nombramiento la Patrona de la villa en el Consejo de Justicia y Regimiento. Fue tal su empeño que, repitiendo en el cargo de corregidor e iniciado su segundo periodo en diciembre de 1737, apenas llegado febrero del siguiente año, una de las primeras decisiones que tomó fue el nombramiento como Patrona de la villa a la Virgen de los Remedios, instituyendo su fiesta y creando en el Consejo de Justicia y Regimiento la figura del “Diputado de fiestas de los Remedios”.

Entendemos ya por qué impuso a una de sus hijas los nombres de “Ramona de los Remedios”, el primero por su patronazgo sobre la Capilla de San Ramón Nonato del Convento de la Merced de Vejer y el segundo, claro está, por su devoción a la Virgen de los Remedios de Chiclana. Don Alonso pidió, en su última voluntad, ser enterrado a los pies del altar de la pequeña imagen de la Patrona si su fallecimiento sucedía en nuestro pueblo; lo que así ocurrió el día 16 de julio de 1761. Suficientes son sus méritos probados, lo que justifica este trabajo de investigación histórica cuya intención no es otra que el dar a conocer y revalorizar a una de las personalidades más influyentes de Chiclana durante tres décadas del siglo XVIII, el Siglo de Oro gaditano, procurándole su debido sitio en nuestra historia local.
La celebración de este centenario de la Patrona, nos ha permitido desvelar el alto perfil socioeconómico de un gran potentado, don Alonso Valdés y Saavedra, que impulsó el culto a la Virgen de los Remedios. Culto que, como ha podido mostrarse, fue asignado con preferencia a las élites y autoridades locales. Una reciente muestra de este vínculo institucional queda reflejada en la petición del título de Alcaldesa Perpetua de nuestra ciudad. No obstante, hemos de referir que, en las últimas décadas, su popularidad se ha revitalizado con la celebración de la fiesta de la vendimia y las ofrendas florales. Además, nuestra Patrona, seguirá siendo la mediadora de los rosarios de la aurora.

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