Testigo privilegiado, casi silencioso, de siglos de historia

Asentada sobre la antigua puerta principal de entrada a la localidad, la actual Torre del Arquillo del Reloj tiene sus orígenes en el siglo XVIII, si bien reemplazó a una anterior que data de 1303

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Es, quizás, uno de los monumentos de Chiclana con más historia y por ello numerosos turistas lo incluyen en su ruta. Prácticamente todas las guías que hagan referencia a Chiclana, ya sea en versión de papel o digital, lo señalan y lo destacan como uno de los lugares de obligada visita. Sin embargo, este atractivo turístico, por paradójico que parezca, dista bastante de estar asociado a las principales imágenes que se muestran de la localidad cuando se hace referencia a Chiclana como destino de vacaciones o, simplemente, de visita.

En este sentido, resultan bastante más cercanas, populares y reconocidas imágenes tales como las de la ermita de Santa Ana, la playa de La Barrosa o incluso los hoteles de Novo Sancti Petri.

Y no es que Chiclana pueda presumir precisamente de un excelso y amplio patrimonio arquitectónico. Quizás todo lo contrario. Su historia y la propia configuración de la ciudad han estado enfocadas siempre en otra dirección.

La primera torre se construyó sobre uno de los arcos de la antigua fortaleza

A pesar de todo lo anterior, justo es reconocer que, aunque no muy extenso, Chiclana cuenta con un rico patrimonio, bien conservado en líneas generales y vinculado, en su gran mayoría a historias que muchos lugareños conocen sobradamente y relatan casi de memoria.

Este es el caso precisamente del Arquillo del Reloj, una torre que en su día llegó a formar parte de las antiguas Casas Consistoriales de la Villa y que desde 1985 está declarada como monumento nacional, según quedó recogido en el Boletín Oficial del Estado. Además, está considerado como Bien de Interés Cultural.

La Torre del Reloj arrastra tras de sí una curiosa y larga historia que arranca allá por 1759, años antes incluso de que se comenzara a construir la cercana iglesia de San Juan Bautista, a la que finalmente sirvió como campanario al carecer ésta última de tal elemento. Cabe aclarar, en este sentido, que anteriormente y en el mismo lugar existía una iglesia de San Juan Bautista cuya construcción se inició en torno a 1510 y que, sin embargo, tuvo que ser derribada por completo al no poderse realizar la ampliación necesaria.

La actual, que sirvió como campanario a la iglesia Mayor, se terminó en 1787

Cuenta la historia que la torre se construyó en la segunda mitad del siglo XVIII, concretamente entre los años 1759 y 1787, sobre una de las antiguas puertas de la villa.
Sin embargo, su origen es muy anterior, remontándose a 1303, fecha en la que el rey Fernando IV de Castilla entrega estas tierras a la Casa de Medina-Sidonia, coincidiendo con la expansión, crecimiento y desarrollo de la población chiclanera.

Eso sí, de lo que fue la fortaleza inicial apenas se conservan hoy en día un par de elementos, concretamente dos de los arcos de sus murallas. Uno de ellos, el que sustenta la torre, que en aquella época hacía las veces de puerta de entrada a la localidad. Y otro, a orillas del río, una zona que aún conserva la toponimia de ‘El Castillo’.

De aquellos orígenes se llegó a una torre que hoy en día se mantiene adosada a construcciones colindantes y que tiene una altura de 30 metros, dividiéndose su estructura en cuatro cuerpos claramente diferenciados, tal y como se puede apreciar en las imágenes que acompañan estas líneas.

El primero de estos cuerpos está formado por la base donde se sitúa el arco de medio punto que da acceso a la Plaza Mayor. Tanto el segundo como el tercero son ciegos, albergando el superior de ellos el mecanismo del reloj.

Justo por encima nos encontramos con el cuarto cuerpo, de forma octogonal y en el que se encuentran las campanas. La construcción se remata con una cúpula en volumen semiesférico revestida de material cerámico vidriado que se remata con cruz latina forjada en hierro.

La torre está declarada como monumento nacional según publicó el BOE en 1985

La torre está construida con piedra ostionera de la zona, coronada por una cúpula revestida de azulejos. Al interior se accede por un pequeño edificio en el lateral de la torre. La subida es sumamente complicada y hay que realizarla entre forjados de mampostería y vigas de madera. Los mecanismos de pesos y contrapesos de la antigua maquinaria del reloj condicionan el espacio libre para la subida.

En esta torre, su reloj, siempre ha tenido un protagonismo especial. Así, en la segunda mitad del XVIII, coincidiendo con la reparación del reloj que existía sobre la primitiva torre, se decide finalmente levantar una nueva sobre el arco, en lugar de la reforma proyectada sobre la original.

Fue finalmente en 1787 cuando por fin se coloca la maquinaria de un reloj que perduró en el tiempo hasta que la electrónica le ganó la batalla. Hoy en día, de aquel primitivo reloj que se instaló hace 230 años apenas queda poco más que el recuerdo, la ubicación y su frontal.

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