Vendiendo productos ecológicos a pie de calle

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LUIS ROSSI/Chiclana
Frente a una gran cadena de supermercados, con parking privado y grandes ofertas, que sólo el pasado año sacó de beneficios más de 600 millones de euros, se halla un pequeño reducto de tradición de gran valor ecológico.
Una sombrilla amarrada a un buzón de correos, una mesa plegable y una silla son los únicos elementos que, en una superficie de un metro cuadrado, sirven a Carmen Ureba Alonso para atender a los clientes. Carmen es vendedora ambulante desde hace más de 15 años y ofrece productos de temporada a precios reducidos.
No tiene prisa, se refugia como puede del frío y la lluvia mientras espera a su clientela en una esquina de la calle Las Albinas. Boniatos, tagarninas, castañas, nueces o cebolletas son algunos de los productos que Carmen tiene a la venta, extraídos de su propio campo, donde su marido se encarga de la siembra y posterior cosecha.
Ahora que tan de moda está ofrecer productos cien por cien ecológicos, señoras como Carmen llevan toda su vida vendiendo lo que de la tierra emana, extrayendo con sus propias manos, pelando y manipulando el género para que sea más atractivo, pero sin una pizca de componentes químicos que desestabilicen el sabor. “Mis productos no son como los de invernadero, puesto que están criados al aire libre con estiércol de cabra”, comenta con simpatía Ureba.
“No da para vivir, pero sí una pequeña ayuda cuando se saca algo”, comenta Carmen quien confiesa que los gastos que tiene son las cuotas del “sitio”, para poder “estar tranquila y que la Policía no me quite el género”. Aunque bien es cierto que hay días “que no se saca un jornal”, sin embargo, la competencia es feroz puesto que, cuando losdel supermercado “ven que estoy vendiendo algo distinto llaman a la Policía”, reconoce la vendedora.

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RECETAS TRADICIONALES
Aunque su servicio no sólo se queda en una simple operación de compra-venta puesto que, si el cliente lo desea, puede ofrecerle un ramillete de posibilidades para cocinar los citados productos. Sin ir más lejos, la chiclanera, conocida como ‘la Sillera’, es experta en recetas tradicionales locales y aconseja, entre otros platos, la conocida popularmente como “berza chiclanera”. Sugiere las tagarninas fritas o en tortilla, pero se debate entre los boniatos cocidos o asados. Eso sí, reconoce que estos tubérculos, en su versión colorada, tienen más éxito “por el sabor tan dulce que tienen”.
En un mundo donde las grandes ofertas, el colorido de los escaparates y la publicidad extrema manejan nuestras compras, lo más ecológico y tradicional lo encontramos, a buen precio, en una esquina, en un metro cuadrado con una sombrilla, una mesa y una silla. Como esgrime un proverbio castellano “lo que poco cuesta, aún se estima menos”.

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