Alimentos funcionales

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Antonio Barba

Antonio BarbaANTONIO BARBA

Catedrático de EU del Dto. de Medicina de la UCA

En los últimos años asistimos a una avalancha de publicidad donde se promocionan alimentos que, además de nutrirnos y aportarnos los elementos necesarios para nuestro organismo, realizan acciones beneficiosas para regular determinadas funciones de nuestro cuerpo. Estos alimentos los conocemos con el nombre de alimentos funcionales o también probióticos..

Los alimentos funcionales son aquellos que no sólo alimentan sino que, modulando o actuando sobre determinadas funciones del organismo, producen un efecto beneficioso más allá del puramente nutricional. En muchísimos casos suelen ser alimentos naturales, mientras que en otros se les ha añadido, eliminado o modificado un componente por medios biotecnológicos, es decir, un alimento en el que se ha modificado la biodisponibilidad de uno o más de sus componentes. Lo primero que se nos viene a la memoria son aquellos productos anunciados en televisión que consiguen mejorar nuestra digestión, regular nuestro tránsito intestinal o bajarnos el colesterol. Pero lo cierto es que los alimentos funcionales son tan antiguos como la humanidad. Como ejemplo de alimento funcional imperecedero tenemos uno que, desgraciadamente, vamos abandonando de nuestras costumbres por muchas razones, algunas de las cuales difícilmente entenderemos. Nos estamos refiriendo a la leche materna. La leche humana contiene gran número de elementos bioactivos (enzimas, factores de crecimiento, aminoácidos libres, inmunoglobulinas, oligosacáridos…) cuyos efectos va mucho más allá de los exclusivamente nutricionales. El contenido de carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales de la leche materna, le confiere un valor nutricional inigualable, pero independientemente de su valor nutritivo, la leche materna ejerce funciones esenciales sobre el organismo del recién nacido, destacando entre otros los efectos beneficiosos que ejercen los oligosacáricos al proteger específicamente al neonato frente a los patógenos causantes de diarrea, favoreciendo la colonización de gérmenes beneficiosos como son los Bifidobacterium bifidum, e interfiriendo también en la acción patógena de Escherichia coli al mejorar la actividad de algunas células del sistema inmunológico. Pero además de contribuir a mejorar el funcionamiento del intestino del neonato, ayuda a regular la temperatura corporal, favorece ciclos de sueño más prolongado (con lo que favorecemos el crecimiento) y sobre todo le aporta anticuerpos fundamentales para mejorar la defensa frente a patógenos en los primeros momento de la vida, en los cuales el sistema inmunológico del recién nacido están aún adaptándose a una nueva situación. Evidentemente esta propiedad de determinados alimentos de nutrir y mejorar nuestras funciones orgánicas, no ha pasado desapercibida a la industria alimenticia, generando una amplia gama de productos que actúan a diferentes niveles y ejercen funciones dispares mejorando, por lo menos aparentemente, diversas actividades orgánicas y previniendo, con ello, la aparición de enfermedades. Si hemos de ser sinceros, nuestra dieta mediterránea esta repleta de alimentos funcionales, aportándonos grandes cantidades de vitaminas y antioxidantes con capacidad para regular múltiples funciones orgánicas. Aunque parezca increíble, nuestro refranero ya recoge las propiedades funcionales de algunos alimentos, como por ejemplo la manzana. Se reconoce su capacidad de prevenir enfermedades en un refrán que dice: “con una manzana al día, el medico te ahorrarías”. Sin lugar a dudas, hemos de reconocer que es una buena alternativa a la visita al médico.

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